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” De Alaska al caribe: El increíble viaje de las aves migratorias “

Biodiversidad

” De Alaska al caribe: El increíble viaje de las aves migratorias “

“Me hubiera gustado ser un pájaro, para cruzar las fronteras con un golpe de ala”  Juan Goytisolo.

Imagine que es un ave, si, imagínelo. Imagine que tiene la libertad para decidir tener un pico largo e intimidante, o uno corto y recatado; ser un ave alta y esbelta, o baja y robusta; de colores vistosos, o más bien lúgubres. Ahora, imagine que vive en Alaska, Canadá, o en el Norte de los Estados Unidos, y que con el final del otoño y la llegada del invierno, como en todos los países nórdicos, empieza a sentir las temperaturas que bajan, los días que se acortan, la escasez de comida, la desnudez de los árboles, y en general, como todo luce más gris.

¿El momento perfecto para un viaje al caribe suramericano? Por supuesto, pero recuerde que es un ave, su travesía carece de maletas, visas o pasaportes, filas en aeropuertos y oficinas de inmigración; así que debe prepararse. La inquietud de migrar le hace dormir poco en la noche, y durante el día empieza a comer en exceso para acumular grasa en sus músculos pectorales, el dorso, las axilas, el abdomen, y básicamente todo su cuerpo, poco estético, sí, pero es el combustible que necesita para realizar su largo viaje al edén.

Volará durante horas seguidas atravesando el Atlántico sin descanso, ni relevos, se guiará por la posición del sol y las corrientes de viento, como sustento tendrá solo la energía de su cuerpo que le permitirá viajar, al igual que a otras varias especies de aves, de norte a sur. Recorrerá unos diez mil kilómetros de distancia en un solo trayecto cada año.

Si usted alcanza en promedio su aniversario número 15, habrá hecho este viaje quince veces, y recorrido aproximadamente 360.000 kilómetros, casi la distancia que separa a la luna de la tierra, que es 384.400 kilómetros.

Aterricemos. Semejante proeza alcanzada por animales tan diminutos, con tal determinación merece apenas un reconocimiento. Que los mangles de las Ciénagas de la Virgen y Juan Polo en Cartagena sean el sitio de hospedaje elegido por ellos para su descanso, toda una celebración.

Es por esto que la Fundación Ecoprogreso y la Corporación Ambiental Afrodescendiente de La Boquilla Corpambo, con el apoyo de entidades como la Universidad Tecnológica de Bolívar, la Universidad de Cartagena, el Colegio Británico, la Asociación Calidris y el Centro Comercial Caribe Plaza,  organizan cada año Festival de Aves Migratorias del Caribe Colombiano.

Las migraciones son unos de los fenómenos más misteriosos e interesantes del reino animal. Desde octubre hasta abril las aves comienzan a llegar a Brasil y Bolivia como destino final, incluso algunas arriban a países australes, como Chile o Argentina.

En su paso por Cartagena de Indias los acoge la quietud del mangle y de las aguas cienagueras que pasmadas ante el espectáculo se vuelven espejos y reflejan el aleteo de la garcita verde, del águila pescadora, de los chorlos grises, y otras veinte especies.

“De las cerca de 1898 especies de aves con las que cuenta Colombia y que nos permiten ostentar el título del país más biodiverso en aves del mundo, aproximadamente 275 son migratorias, y de estas 154 aproximadamente vienen del hemisferio norte. Estas especies se agrupan en unas 48 familias, siendo las reinitas, los playeros y los atrapamoscas, las más abundantes, seguidas por los colibríes, las gaviotas y gaviotines.” explica Juan Felipe Restrepo, biólogo marino y profesor del Colegio Británico de Cartagena, entidad co-organizadora del Festival.

Yanira Cifuentes, miembro de la Asociación para el Estudio y Conservación de las Aves Acuáticas en Colombia (Calidris), menciona en el portal de la organización como la Ciénaga de la Virgen y Juan Polo en Cartagena son de los humedales más importantes del Caribe colombiano, no solo para los pájaros sino para la biodiversidad de la región, pues albergan múltiples especies acuáticas, y migratorias neotropicales, entre las que sobresalen el Págalo parasítico (Stercorarios parasítico), la aguja canela (Limosa fedoa), y el zarapito (Numenius phaeopus) insignias del festival.

Los chorlitos o playeros son quizá uno de las familias más temerarias que convierten al sur en norte mientras esperan el paso del invierno boreal. Su pequeño tamaño, parece ser inversamente proporcional a la valentía que demuestra al cruzar el planeta. El playerito canela (Tryngite subruficollis), por ejemplo, mide entre 17 y 20 centímetros, se reproduce durante junio y julio en el clima frío de la tundra del Mar Ártico, y una vez que los pichones pueden volar, emprende su vuelo con toda la familia a las áreas más cálidas del Cono Sur.

El playero occidental, por su parte, anida solamente en el este y norte de Alaska y en una pequeña parte de la península de Chukotsky en Rusia, lo que convierte a Sur América, y en especial a Cartagena, una vez más, en el sitio turístico preferido de visitantes internacionales.

Un evento natural con tal magnitud de visitantes, debería tener igual cantidad de espectadores, que conscientes de la importancia del manglar para que ocurran las migraciones, lo resguarden y protejan. Este es el principal objetivo del festival, de acuerdo con Viviana Mourra, directora de Ecoprogreso y organizadora. “La idea es que la gente conozca el valor de los manglares como hábitat para estas especies, y motivar así su cuidado y uso sostenible; que no permitan el relleno con escombros que está acabando con la Ciénaga, que no arrojen basuras a este cuerpo de agua, y que se motiven a conocer el tesoro que es la Ciénaga, dice”.

Cada año el Festival desarrolla actividades de formación sobre el cuidado de este ecosistema con las comunidades próximas a la Ciénega; jornadas de limpieza ambiental, y foros.

Menos hondas, más aleteo

El cambio climático, la contaminación de la Ciénaga y la sedimentación a causa de las invasiones formales e informales que se han apoderado de la ciénaga son algunas de las problemáticas que afectan al manglar y por ende, a sus huéspedes, las aves; a eso se suma una práctica común entre la cultura costeña, e incluso socialmente aceptada, que les está cortando el camino: la caza de pájaros con hondas.

¿Cómo lograr la renuncia a una actividad que resulta recreacional para niños y adolescentes en un ambiente con limitadas opciones de esparcimiento y juego? A través del amor, responde Juan Restrepo. “El Festival de las aves es una tradición que existe desde Alaska y Canadá hasta Tierra del Fuego y que nos hermana a los pueblos que compartimos ser albergue de las aves Migratorias, nos une en torno a una causa común: estos ilustres viajeros que año tras año cruzan nuestras fronteras recordándonos que para la naturaleza somos un solo planeta. Es una excelente excusa para divulgar el cuidado y el amor por la naturaleza”, dice.

Es por esto que el año pasado la primera actividad que se realizó fue una marcha para la recolección de hondas en los muelles de ecoturismo de La Boquilla, Ahí se realizó un acto simbólico y a cambio de las hondas, los niños recibieron una distinción que los identificó como Guardianes de las Aves, una cartilla para colorear y conocer sobre la migración, y pudieron participar de actividades lúdicas. Con este tipo de actividades se busca que en La Boquilla y sus alrededores, se oiga menos el estruendo de las hondas, y más el aletear de las aves.

 

 

 

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El secreto del mangle

La Boquilla es un poblado de pescadores con el olor a sal y Caribe. A solo 15 minutos de Cartagena, al igual que la ciudad, padece muchos males, pero allí donde no existen antiguas fortificaciones españolas que los protejan, la naturaleza los proveyó de una sin igual: El mangle.

A través de agencias de ecoturismo, los visitantes pueden explorar el inusual paisaje, una especie de “laberinto” que el mangle formó en la ciénaga de La Virgen, como queriendo proteger entre sus silenciosos pasillos a sus múltiples aves, peces y crustáceos, exponiendo lo frágil que es a pesar de su excentricidad. En su interior los visitantes pueden disfrutar de 750 hectáreas de Mangle Rojo, Blanco o Bobo, Negro, y Botón o Zaragoza.

“El manglar es generador de vida, si se extingue el manglar, se extingue la vida en Cartagena; es un escenario de gran reproducción de vida animal, marina, vegetal.” Expone Rony Monsalve Pérez, Presidente de la Corporación Ambiental Afrodescendiente de La Boquilla Corpambo; una organización comunitaria para la defensa ambiental que nació en 2009, como iniciativa de la Fundación Ecoprogreso, que recoge a las empresas ofertantes de ecoturismo en los mangles de la Ciénega, y que ha tomado la bandera de la defensa del manglar.

Y es que al interior de sus túneles las aves migratorias y locales se dan grandes banquetes de insectos, fruta y néctar, sus raíces permiten la reproducción de peces y crustáceos (por lo cual son fundamentales para garantizar la alimentación de los humanos) y evitan la erosión costera. Los manglares con un claro ejemplo de cómo la naturaleza se reinventa cada año, y es así como el festival de las Aves Migratorias que se presenta en su interior, es un ambiente único, pues es también es festival de la vida.

“Nosotros organizamos limpiezas porque entendemos que vivimos de él, somos pescadores, no hay otra razón supeditada al cuidado del mangle, más allá de que es vida.” Concluye Monsalve.

Por: Lina María Cano.

Estudiante de periodismo del Semillero de comunicación ambiental ‘Yuca Pelá’.

Universidad Tecnológica de Bolívar.

Edición: EcoHuellas. 

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“Periodista, activista promotora y fiel creyente del periodismo cívico, donde la verdad es una construcción en social, y esta construcción en comunidad es lo que genera la promoción del cambio social, por medio de la educación como eje central.”

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